Consumo Rockie Blunt afirma que Hollywood nunca ha contado la II Guerra Mundial como fue

Varsovia, 28 feb (EFE).- La edad y los “terribles ruidos” del mundo han dejado sordo a Rockie Blunt, pero él ya empezó a no dar crédito a lo que oía ni a lo que veía, cuando, en 1945, entró con su batallón en un campo de concentración. “Hollywood -dice en entrevista con EFE- nunca ha contado la guerra como fue”.

Roscoe “Rockie” Blunt, un reputado batería de jazz y periodista de investigación, es uno de los doce protagonistas que cuentan en primera persona cómo fue la II Guerra Mundial a través de imágenes inéditas, y con sus colores reales, para la serie “IIGM Los archivos perdidos”, que Canal de Historia estrenará en exclusiva el próximo 3 de marzo.

“Esta producción es lo más educativo que se ha hecho jamás y debería ser de visión obligatoria. No podemos dejar que se repita un horror semejante”, dice emocionado Blunt, que hace 66 años, cuando sólo tenía 19 y con tres exiguos meses de instrucción a la espalda, fue enviado a Europa “a matar nazis” desde su Massachusetts natal junto a la 84 División de Infantería de Estados Unidos.

“Nadie puede prepararte para un horror así. Tres meses de preparación y ´ok, chaval, ve a matar´. Nos entrenaban para el odio y eso genera violencia y la violencia muerte”, resume compungido Blunt, que asegura que no hay una sola noche que no le asalten las imágenes de la destrucción a la que él contribuyó.

El veterano, que ahora se “auxilia” de dos audífonos, bastón y un “sereno” optimismo, llegó a Bélgica, como reemplazo para la batalla de Normandía, dispuesto a “liquidar” a todos los alemanes que se le pusieran por delante y a despojarlos de insignias, medallas y cualquier otro “souvenir” que pudiera llevarse.

Pero, mientras avanzaba por Europa, y después de sobrevivir a la batalla de las Ardenas, para llegar al núcleo del Tercer Reich, empezó una lucha feroz con su conciencia, espantada ante tanta sangre y tragedia.

“Experimentar aquel contacto con la muerte fue atroz. Nunca había visto cosas tan horribles, tantas tragedias. Cada noche pensaba en ello y odiaba cómo removía mis entrañas, pero ver morir a aquellos hombre y mujeres cambió todo en mí”, admite este “hombre roto”.

Cuando los productores de “IIGM Los archivos perdidos”, que se estrenó en Estados Unidos el pasado mes de noviembre con 26 millones de espectadores, le ofrecieron participar con su testimonio se resistió porque no quería volver de nuevo a “aquello”.

Le enseñaron algunas de las 3.000 horas de imágenes rescatadas en archivos de 35 países y se le saltaron las lágrimas porque se dio cuenta de que sus recuerdos correspondían “fotograma por fotograma” a la sangrienta realidad que había vivido.

“Cuando volvimos a casa nadie nos ayudó. Las 44 horas de entrevistas que me han hecho para la serie han sido mi única terapia tanto tiempo después. Nunca sabrán el tremendo servicio que nos han hecho a nosotros y al mundo”.

Blunt -que aparece en los tres últimos episodios- vio a mujeres destripadas, hombres desmembrados, horrores infinitos, pero lo peor, con diferencia, fue mirar al interior de los campos de concentración, “aquel muestrario de infamia”.

“Oyes, pero no reconoces los sonidos; hueles, pero no sabes a qué; miras, pero no ves. Sólo hay una horripilante máscara de muerte compuesta por los cientos de cadáveres a tu alrededor. No sabes qué tienes frente a ti y tu cerebro no puede procesarlo porque no quiere reconocerlo. No hay nada en el mundo que pueda hacer olvidar eso”, relata.

Por eso, asegura, Hollywood nunca ha sido capaz de reflejar lo que fue la guerra, “algo demasiado grande para un estudio de cine”.

No tiene ningún mensaje para los soldados de este siglo, porque, dice, “o les matarán o matarán: es el mismo horror, el mismo sufrimiento sin fin” aunque, les advierte, lo más importante siempre es “respetar al hombre”.

La serie, presentada en Varsovia por ser “uno de los grandes escenarios de la guerra” y de la persecución nazi, ha recuperado imágenes guardadas en cintas y casetes que, en muchos casos, sólo se “sostenían” gracias a un trozo de chicle, una cuerda y una plegaria, tratadas digitalmente para “sacarles los colores” originales.

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